este es mi fanfic de Kuroshitsuji, aca el primer capitulo y si gusta sigo subiendo mas...sugerencias y comentarios son aceptados.^^
capitulo 1: "la rosa que llega con la lluvia"
No quería terminar así. No tenia porque ser así, nunca le había hecho nada malo a nadie. Y además era muy joven, esperaba tener una vida mas prospera. Casarse, tener uno o dos hijos y tal vez, algunos nietos.
No se rendiría así de fácil, tenía motivos por los cuales seguir viviendo. Ya se había resignado a tan solo ser amigos con el amor de su vida, porque ya estaba comprometido. Aunque todavía no lo había olvidado.
Correría hasta perder a los perros y a los encapuchados de vista, o moriría intentando volver a tener libertad. Solo esperaba que se distrajeran para poder correr al bosque. Conocía un atajo hasta el patio trasero, ese que siempre estaba lleno de rosas y flores. Lo único que esperaba antes de morir si era lo que le deparaba el destino, era verlo una última vez. Solo eso.
La lluvia no ayudaba a su visión, ya borrosa por el cansancio. Pero la buena noticia era que tampoco a la de sus perseguidores.
De repente, un rayo. Los árboles eran tan altos que no se sorprendió que un rayo cayera tan cerca.
¡Perfecto! Eso había sorprendido a sus captores lo suficiente como para hacer los parar solo por unos segundos, para su suerte, esos únicos segundos le dieron tiempo a aumentar la velocidad e internarse en el bosque. Las personas ya no se escuchaban y los fieros rottweiler tampoco. Había corrido mucho, seguramente ya los había perdido, ellos no conocían la zona tanto como ella.
Paro un segundo poco a poco. Si lo hacia de repente probablemente ya no podría volver a levantarse por los menos en un buen tiempo, y ella necesitaba llegar. Además si no pensaba en correr o mantenerse viva, volvería a sentir las terribles palpitaciones de sus heridas y no era nada agradable considerando que las tenía por casi todo el cuerpo. Algunas más graves que otras, como las de la cara, que eran simples rasguños.
Decidió seguir caminando. Era la única opción.
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La lluvia no amainaba. La verdad es que no quería salir. Prefería quedarse en su mansión y jugar mientras tomaba el te con alguna porción de tarta. Pero tenia que ir a cenar con el encargado de la supervisión de su fábrica en la india. Se había instalado en una casa de la ciudad con sus sirvientes, y quería que él fuera para hablar de algunos asuntos y de paso cenar.
Le aburría enormemente hablar con ese hombre, podría ser rico, pero terriblemente vulgar y falto de elegancia.
Sin embargo debía ir, porque era el dueño de la gran fábrica de juguetes y nada se podía hacer sin antes haber sido consultado con él previamente.
Su mayordomo le puso su abrigo y entrego su bastón.
Cuando el mayordomo abrió la puerta vieron a una joven a punto de tocar. Probablemente de la misma edad del joven conde, su cabello, que ahora estaba todo mojado, largo, gris azulado y que casi llegaba hasta la cintura, le cubría la frente y parte de sus ojos azules. Su piel era blanca y hermosa aunque estaba sucia con tierra y manchas rojas que seguramente eran de sangre. Levaba puesto una especie de vestido blanco con una cinta por debajo de sus pequeños senos y debajo un pantalón corto de igual color. Como su piel, estos también estaban manchados con barro, sangre y lo que parecía carbón. Estaba descalza y sus pies mojados y embarrados.
Pero tenía algo extraño. En sus manos tenia unos guantes, que a diferencia del resto de ella, eran de un blanco inmaculado, perfectamente cuidados, limpios y sin una sola macha.
No pudo hablar. Estaba muy cansada. Solo los miro por un segundo antes de cerrar los ojos y dejarse llevar por el sueño que la embargaba. No le importaba si caía en el suelo. Cualquier cosa era mejor que quedarse parada. Simplemente se durmió.
No cayó. Ciel la sostuvo. Inconciente, entre sus brazos, se veía tan mal.
La reconoció al instante, la conocía desde que tenía uso de la razón. Sus padres eran amigos y ellos también lo eran. Siempre sonriente y dulce, encantadora hasta el extremo, siempre apoyándolo y brindándole afecto, incluso aunque la había lastimado varias veces con comentarios maleducados e hirientes. No la veía desde hace un tiempo, talvez un año.
Sebastian- dijo mirándolo seriamente- llévala a mi habitación y llama a un medico.
Yes, my lord- dijo haciendo una reverencia.
Cerro la puerta y tomo a la chica en brazos con delicadeza. Subió las escaleras y se encamino por los pasillos.
Ciel se quito la capa y la galera y los tiro mientras subía las escaleras y se iba a su habitación.
Cuando entro la encontró acostada en su gran cama. Tenía los cabellos largos esparcidos por sus almohadas y todavía tenia la misma ropa.
Se acerco y la miro un rato. Le quito el flequillo de la cara con mucho cuidado. Volvió a mirarla un poco más hasta que llago Sebastian.
Joven amo- dijo haciendo una leve reverencia.- el doctor estará aquí en unos minutos.
Bien, asegúrate que no se tarde, esta sangrando demasiado- dijo este sin mirarlo.
Si-
Y hay otra cosa que debes hacer- dijo volviendo sus ojos hacia la niña de su cama.- quiero que vallas a la ciudad…
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Se despertó de a poco, con el delicioso aroma del te negro que tan bien conocía ella. El sol que entraba por el enorme ventanal a su izquierda le daba un poco en la cara. Se volvió hacia este. El sol había salido esa mañana y el cielo ya estaba celeste de nuevo. Miro hacia su derecha y vio un sillón de tapizado rojo vacío.
Buenos días lady Lavoisier- (se pronuncia Lavuacie) dijo un hombre vestido de negro y guantes blancos, de cabello negro corto sonriendo.- en nombre de mi amo le doy la bienvenida a la casa Pantomhive.
Estaba sirviendo te en una taza con dibujos en naranja y rojo. Al lado de la taza había una bandeja con pastel y galletas.
Muchas gracias…- dijo esperando respuesta.
Sebastian, mayordomo de la familia Pantomhive- dijo haciendo reverencia.
Sebastian- y le sonrío. Una muy bonita sonrisa- disculpa, pero quisiera saber donde esta Ciel.
Oh, el señor esta abajo desayunando, al estar en su cama durmió en ese sillón- dijo señalando el sillón rojo que había visto antes- le ha dado un gran susto.
No sabes cuanto lo siento- dijo tratando de levantarse de la cama.
Pero no pudo poner un pie en el suelo porque comenzó a sentir unas fuertes palpitaciones en su cuerpo, así que volvió a acomodarse en la cama. Fue entonces cuando se dio cuenta que estaba herida. Lo había olvidado.
Se miro. Estaba cambiada y debajo del camisón rosa pálido, muy bonito de mangas largas tenia vendas en todo su tórax y también en parte de sus piernas.
Por favor avíseme a mi o a cualquiera de los empleados cuando termine de desayunar y le prepararemos el baño.- dicho esto hizo otra reverencia y salio.
Tenia mucha hambre, así que comenzó a tomar el te y comió algunas galletas y un trozo de tarta de chocolate. Al terminar, no sabia que hacer. Tenía que hablar con Ciel, pero no podía hacerlo en pijama.
Con mucho esfuerzo se levanto y fue hasta el pasillo. No recordaba muy bien como era la enorme casa. Y si no se fijaba se perdería. Camino hacia la derecha y termino en las escaleras principales. Abajo estaba pasando una mujer, bastante joven, de cabello casi bordo y lentes, al perecer era una sirvienta y levaba un balde de madera en la mano.
Disculpa- dijo con delicadeza la niña- ¿podrías ayudarme?
La muchacha se volteo a las escaleras y se sorprendió al ver a la chica parada con gracia a pesar de estar casi toda vendada.
Ah, claro señorita- dijo dejando el balde en el suelo y acercándose a ella.
Es que necesito- un leve rubor cubrió sus mejillas- necesito que me ayudes a encontrar el baño. Es que debo asearme y estoy perdida.
Si- dijo sonriéndole, la niña era muy bonita y dulce- acompáñeme.
Después de seguirla encontró el baño y ella le preparo la tina con el agua caliente.
La ayudo a quitarse el vestido y las vendas. Despacio se metió en el agua y comenzó a frotarse suavemente los brazos y las piernas.
Por favor, espere aquí le traeré su ropa- dijo.
¡Aguarda!- dijo antes de que saliera- yo, lo olvide, no tengo ropa.
No se preocupe por eso. El joven amo mando a conseguir algo para que se vista. ¿Le parece un vestido verde?- dijo antes de salir.
Ella se quedo pensando, en verdad siempre pensaba en todo. Era una de las cosas que tanto le gustaban de él.
Se sumergió bajo el agua y volvió a salir. Unos minutos más tarde la muchacha volvió con ropa interior y un hermoso vestido verde musgo y volados color crema. Tenía moños en las mangas mas anchas al final y el corsé estaba todo bordado con hilo plateado en arabescos y dibujos de flores pequeñas.
Con ayuda de esta se puso el vestido y calzó unos zapatos de tacón bajo.
Luego la chica comenzó a peinarla.
Dime- dijo mientras se dejaba pasar el cepillo por el cabello un poco húmedo.- ¿como es tu nombre?
Soy Maylene- dijo sonriéndole- lamento no haberme presentado señorita.
Parece que ya todos me conocen- dijo riendo.- pero de todas maneras- se paro delicadamente e hizo una reverencia- mi nombre es Rose Lavoisier.
Mucho gusto- dijo ella.
Termino de sujetarle el cabello en dos colitas altas atadas con cintas verdes. Entonces Rose se levanto y le dio las gracias para luego salir. Tenia que hablar con Ciel.
Salio del baño y se encamino por los pasillos. En el camino se encontró con Sebastian.
Sebastian- dijo suave.- necesito ver a Ciel.
Después de mirarla unos segundos respondió.
Por favor, sígame-
Gracias- dijo cortes yendo tras él.
Caminaron por la casa y pararon frente a una puerta doble de roble oscuro. Sebastian toco y espero a que le contestaran para pasar.
Abrió las puertas y se inclino en reverencia. Rose también hizo una reverencia a modo de saludo.
Dentro estaba Ciel, sentado tras un enorme escritorio, armando un castillo con naipes.
No los miro, simplemente siguió intentando apilar otros naipes.
Al ver fallido su intento lo dejo y se acomodo en su sillón.
La chica de los ojos azules estaba parada con timidez cerca de la puerta, no se había movido desde que entro; solo lo miraba.
Por la puerta entro una leve corriente de aire que derrumbo el castillo sobre el escritorio de caoba.
Tsk-dijo con molestia.
El mayordomo se acerco y comenzó a guardar las cartas esparcidas del suelo y las junto con las otras.
Trae te y algo dulce- dijo sin mirarlo, ahora solo la miraba a ella.
Al sentir sus ojos clavados sobre ella, la niña se sonrojo levemente y se acerco.
Rodeo la mesilla que estaba en el centro de la habitación y después de ver el diseño tallado en ella, se sentó en una de las sillas.
El niño también se sentó en una y se apoyo sobre sus manos entrelazadas a la altura del mentón.
Me alegra verte de nuevo prince (príncipe) Ciel-dijo, una vez que el mayordomo salio.
Ha pasado mucho tiempo, ya deberías dejar de llamarme así- dijo mirándola serio.
Lo siento, pero no puedo, siempre lo hice- le dijo sonriéndole suavemente.
Creo que ya debes saber que espero una respuesta- dijo observando como Sebastian entraba.
Si, es verdad. Lo supe desde que decidí venir aquí- tomo la taza con te y le agrego dos terrones de azúcar- esperaba poder contártelo antes, pero estaba muy cansada y no pude evitar desmayarme.
Revolvió con una cuchara de plata y bebió un sorbo. Por su lado Ciel hacia lo mismo y escuchaba lo que ella le decía.
Seguramente sabes que mis padres murieron en un accidente hace dos años- Sebastian se fue y cerro la puerta dejándolos solos- fue un golpe muy duro para mi, pero afortunadamente pude conocer a mi tío Sir Cornel Rothenwell- sonrío y bebió otra vez- era hermano de mi madre, un hombre muy educado y amable.
Él tomo un trozo de pastel de fresas y se comió un bocado. Ella también tomo un pedazo, pero uso un tenedor para cortarlo.
Él decidió hacerse cargo de los negocios de mi familia, porque aunque soy la legitima heredera no creo estar preparada para tomar esa responsabilidad. Viví con el alrededor de un año, pero un día unos hombres, tapados con capas oscuras y los rostros cubiertos irrumpieron en mi casa y , después de entrar a mi habitación me llevaron con ellos.- bajo la cabeza un poco en señal de vergüenza.
El niño se dio cuenta de esto y le pidió que continuara.
Sigue-
En verdad soy muy débil y no pude hacer nada para evitarlo- un rubor cubrió sus mejillas- me tuvieron retenida por unos tres meses con los ojos vendados; yo solo los podía oír, solían discutir en un idioma que no entendía, quizás alemán. Después de ese tiempo me llevaron a caballo y luego en barco. Cuando me descubrieron los ojos estaba en una mina de carbón, me rodeaban esclavos cargando carretas de hierro. Ellos me habían dejado ahí sola. El capataz de ese lugar me creyó hija de unos trabajadores y estuve obligada a ayudar con lo que hacían.-
¿En la mina?- pregunto incrédulo.
¡No me mires así! Al ser pequeña me mandaron a excavar, mi cuerpo entraba en los pequeños túneles y luego otros niños llevaban las carretillas. En verdad la pase muy mal. Un día decidí hacer algo, sabes, no me gusta ser la niña indefensa. Por la noche cuando todos estaban durmiendo, salí de la pequeña y sucia cabaña, y me escape, aunque cuando estaba saliendo me quede atrapada por un momento en unos alambres, tiempo suficiente como para que unos hombres se dieran cuenta de que me iba y con unos perros comenzaron a seguirme; estuve corriendo de ellos durante días; cansada. Ayer llegue a la ciudad y no sabia que hacer; entonces recordé que tu tenias una casa cerca. Fui a buscarte, pero no estabas allí. Iba a dejarme atrapar y entonces decidí intentar encontrarte en tu casa de las afueras; corrí por el bosque y comenzó a llover, y gracias a que un rayo los distrajo pude llegar a la puerta, donde ya no resistí mas y termine dejándome llevar por el cansancio.- sonrío feliz.
Ya veo- dijo apoyándose en un codo- te quedaras aquí.
No te preocupes, hoy mismo le escribiré a mi tío, diciéndole que estoy bien y en unos días me iré –
Te quedaras aquí- repitió, esta vez con decisión- por los menos hasta que sea seguro, tienes libertad de hacer lo que quieras, pero hazme el favor de mantenerte a salvo.
Después de decir esto, y sin esperar respuesta de ella, se levanto y se fue a sentar de nuevo a su escritorio y comenzó a revisar unos papeles.
Merci, prince Ciel- dijo antes de irse por la puerta.